¿DIOS ES COMO… UN PASTOR?

En esta serie de programas 1,2,3 ¡Cuéntame!, dedicada para niños y padres, contamos historias de la Biblia y reflexionamos juntos sobre preguntas importantes que cada uno puede hacerse. Por ejemplo: ¿Cómo es Dios ? ¿Podemos conocerlo? ¿Puedo hablarle? ¿Existe el cielo ? ¿Quién es Jesús?

Hoy, nuestro tema de reflexión es: ¿Quién es Dios?… Para ti, ¿quién es Él?… Quizás no sepas contestar, porque decir en pocas palabras quién es Dios, no es fácil…

Para ayudarnos, vamos a pasar un día un pastor llamado David.

 

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Para los animadores

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Texto completo de esta historia:​

¿DIOS ES COMO… UN PASTOR?

Temprano en la mañana, David prepara su material, su saco de pastor, pan, queso, su cantimplora y su arpa. Se pone las sandalias, toma su cayado, que es su bastón de pastor, y ¡listo!

Las ovejas ya lo están esperando, se escucha balar por todos lados.

– Manchada, Caprichosa, Terca, Feliz, Tímida, Blanca, ¡Vamos! Es el rebaño de su padre, pero las conoce a todas por su nombre.

– ¡Ven aquí, Corderillo, que todavía eres muy pequeño, podrás brincar cuando lleguemos! David camina delante del rebaño. Sabe cuales son los mejores pastos que se encuentran allá, en las verdes colinas.

Quedará día y noche con sus animales. De noche, los lobos y perros salvajes siempre rondan los rebaños.

A veces se escucha el aullido de una hiena y se asustan las ovejas.

– ¡Vamos, tranquilas, aquí estoy, acostaos!

Se calman, se sienten seguras. Mientras el rebaño pasta tranquilamente, David toma su arpa. Canta las canciones que compuso. Nadie lo escucha, pero le está cantando a Dios. Le agradece por la belleza de la naturaleza, por su protección, por su ayuda. Le dice lo mucho que lo ama, cuánto confía en él.

Siempre mantiene un ojo abierto. Y justo ahora se están alejando unas ovejas.

– Pero, ¿a dónde van esas cabezas huecas? Avanzan cabeza gacha, sin ver más allá de la punta de su hocico. De seguir así, se perderán y no sabrán cómo volver. ¡Lista, Pata Negra! ¡alto!

Pero… ¿serán tercas o sordas? David coge tierra con su cayado y ¡hop! Se la arroja sobre la espalda. ¡Una voltereta y venga! Vuelven retozando.

¿El peligro?… no saben lo que es. ¿Cómo podrían defenderse de un león o de un oso? Varias veces ya, David tuvo que luchar para librarlas de su boca.

– ¡Vamos, vamos! El calor del sol es demasiado fuerte ahora, vamos bajo los árboles, cerca del arroyo, ahí podréis beber tranquilas y descansar! ¡Vamos, seguidme!

Y todo el rebaño se vuelve a poner en marcha.

Un balido lastimero llega a los oídos de David. ¿Será un grito de auxilio?

– Pero ¡es Intrépida, la que está allá, al borde del despeñadero! ¿Que está haciendo allá en medio de esos espinos? las rocas están resbaladizas. ¿Qué le pasó por la cabeza?

Con la ayuda de su bastón, David camina con cuidado, coge delicadamente la oveja y la pone sobre sus hombros. 

– ¡Qué terca eres, Intrépida! Le dice mientras la acaricia. ¿Qué fuiste a hacer por allá, en vez de seguirme?

El sol se ha puesto, todo está tranquilo, solo se puede escuchar la voz de David parado a la entrada del redil.

– 1, 2, 3, 4, 5,… 65, … 70…

Cada oveja entra una por una y David cuenta. ¿Qué hará si le falta una? Volverá a salir de noche y la buscará hasta encontrarla.

Atiende a las que están heridas, enfermas, a las pequeñas, a las débiles, cada oveja cuenta mucho para él.

Te he llevado para que puedas vivir una jornada con David el pastor.

Tal vez te preguntes ¿por qué? Bueno, simplemente porque en una de sus canciones David dijo: “Para mí… Dios es mi pastor, yo soy su oveja. ” ¿Conoces esta canción? Es el Salmo 23

El SEÑOR es mi pastor; nada me faltará.

2 En prados de tiernos pastos me hace descansar.

Junto a aguas tranquilas me conduce.

3 Confortará mi alma y me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

4 Aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.

Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

5 Preparas mesa delante de mí en presencia de mis adversarios.

Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del SEÑOR moraré por días sin fin.

1, 2, 3, 4 ¡Y TÚ Y YO!

En este salmo, David se compara a sí mismo con una oveja cuyo pastor es Dios. Y tú, ¿tienes a un pastor que te proteja, te guíe, te ame, te anime?

En cada uno de nuestros programas, te contaremos sobre este pastor, este gran Dios y así podrás conocerlo cada vez mejor.

4, 3, 2, 1 ¡Y NOSOTROS LOS PADRES!

Como David, somos ovejas con nuestra fragilidad, nuestras debilidades, podemos elegir a este gran pastor para nuestra vida.

También somos pastores, los pastores de nuestros hijos. Tenemos la responsabilidad de velar por ellos, cuidarlos, defenderlos, guiarlos, acompañarlos.

Al sembrar la Palabra de Dios en sus corazones, les permitimos descubrir a este Dios, que quiere ser el buen pastor de nuestra vida, de sus vidas. Para que puedan tomar esta decisión, necesitan conocerlo personalmente. Nuestro objetivo al realizar estos programas 1,2,3 ¡Cuéntame! es precisamente el poder brindar otro medio de acompañarles en el descubrimiento de este gran Dios que los ama.