En nuestro último programa, Elías presentó a Mateo y Mia. ¿Recuerdas lo que nos dijo Mia? “Me gustaría que Dios me respondiera de inmediato”.

Puede que tú también lo hayas dicho. Es cierto que Dios no siempre responde de inmediato, así que … ¿qué hacemos? ¿Dejamos de rezar? ¿Nos desanimamos? Puede suceder y Jesús lo sabe bien.

Para ayudarnos, les contó a sus discípulos dos historias. “Perseveren”, les dijo, “Dios da cosas buenas a sus hijos.”

Pero perseverar, ¿sabes lo que significa? Ahora escucha estas dos pequeñas historias y entonces sabrás qué es la perseverancia.

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Lee el texto de la historia

Para los animadores

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Texto completo de esta historia:​

¿RESPONDERÁ SU AMIGO?

 

Jesús cuenta primero la historia de tres amigos.

 

Imagina que te despierta en mitad de la noche un amigo tuyo que llega sin avisar. ¡Qué sorpresa! Ha recorrido un largo camino. Está muy cansado. No sabe dónde dormir y no tiene comida.

Hay un problema… No tienes nada que ofrecerle. La situación es delicada.

Entonces tienes la idea de ir a ver a tu vecino. Es un amigo, tal vez tenga algo que darte.

No hay luz. Todos deben estar dormido. Llamas delicadamente a su puerta … ¡Nada! Empiezas de nuevo… ¡Nada! No hay señales de vida, ni ruido en el interior. Golpeas un poco más fuerte a la puerta y llamas:

– ¡Oh, oh! ¿Puedes abrirme? Un amigo acaba de llegar a casa y no tengo nada que ofrecerle. Necesito tres panes, ¿me los puedes prestar?

Todo permanece en silencio.

– ¡Oh! ¡Oh! ¡Ábreme! ¡Ábreme, por favor!

Sigues tocando a la puerta.

– ¡Pero eso no es posible! Molestar a la gente a estas horas. Estamos todos en la cama, mis hijos están durmiendo y tú los vas a despertar. La casa está cerrada. Lo siento, pero no puedo levantarme ahora para darte el pan.

 

Pero necesitas absolutamente algo de comer para tu amigo. Así que todavía insistes. Finalmente, tu amigo se levanta. Va a buscar los tres panes y te los da.

Pero, ¿por qué te los da?

No es porque seas su amigo que te los da, sino simplemente para que le dejes en paz.

 

 

Y Jesús añade:

 

– Pedidle a Dios vuestro Padre que está en los cielos, seguid pidiendo y recibiréis. Buscad, perseverad en vuestra búsqueda y encontraréis; llamad, insistid y la puerta se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, el que busca halla, y al que llama se le abrirá.

 

¿QUÉ LE DARÁ SU PADRE?

 

Aquí viene la segunda historia que Jesús les cuenta a sus discípulos.

 

 

Imagina que tu hijo te dice:

– Tengo hambre, por favor, papá, dame un trozo de pan.

Vas a contestarle:

– Ten, hijo mío, toma una piedra.

¡No!

 

Imagínate que te dice:

– Por favor, papá, dame un poco de pescado.

Vas a contestarle:

– Toma una serpiente.

¡No!

 

 Imagínate que te dice:

– Por favor, papá, dame un huevo.

Vas a contestarle:

– Toma un escorpión.

¡Claro que no!

 

Incluso los padres que no siempre son buenos padres todavía saben cómo dar a sus hijos lo que necesitan, entonces, ¿no dará vuestro Padre, que está en los cielos, cosas buenas a los que se las pidan?

 

1, 2 3, 4 ¡Y TÚ Y YO!

 

Responderemos a la pregunta: ¿Qué significa perseverar en la oración? En la historia de los tres amigos, Jesús nos dice: “pedir y volver a pedir, insistir en Dios sin desanimarnos.”

Incluso si la respuesta no llega de inmediato, podemos seguir orando porque nuestro Padre, que está en los cielos, es bueno, nos dijo Jesús en la segunda historia. Quiere darnos lo mejor. Y a veces lo mejor para nosotros es un “no” a nuestra oración o “espera”.

Creo que tú y yo vamos a seguir orando y veremos a Dios respondernos. Cuándo y cómo, no lo sabemos, pero… lo hace.

Y cuando nos responda, pues, no nos olvidaremos de dar las gracias.

 

 4, 3, 2, 1 ¡Y NOSOTROS LOS PADRES!

 

– ¡Mamá papá! Por favor, dame un poco de dinero, lo necesito.

– Espera, espera, espera… ¡Ahora no puedo!

– ¡Sí! ¡Por favor rápido, lo necesito!

¿Quién no ha conocido estos momentos de impaciencia de los niños? Lo necesitan todo, y enseguida y si les pides que esperen, se frustran. Pero a menudo tenemos buenas razones para hacerles esperar. Y responder, es decir a veces “¡Sí!” … “¡No!” … o “¡Espera!”. El tiempo permite la reflexión, una apreciación más precisa de las situaciones, de las cosas, un arraigo en la fe. En resumen, es una escuela de vida.

El Señor está haciendo su obra de regeneración en nosotros, él sabe lo que es mejor para nosotros y nuestros hijos. Cuando la respuesta se hace esperar, las palabras de Jesús son un verdadero estímulo. Así que perseveremos. Pidamos, busquemos, llamemos porque Nuestro Padre celestial, que es soberano, nos ama.