Desde el inicio de nuestros programas, hemos visto cómo Dios creó el universo, así como al hombre y a la mujer, Adán y Eva. Cómo los puso en un hermoso jardín, el paraíso, donde vivían perfectamente felices. Pero ese paraíso… ¿dónde está hoy? Podemos preguntarnos. ¿Por qué tanta gente sufriendo, por qué la maldad, las catástrofes? ¿Qué pasó ?

Vamos a reflexionar sobre estas grandes preguntas y descubrir qué sucedió mientras Adán y Eva vivían en el Jardín del Edén.

En esta historia, hay un mentiroso, a ver si lo descubres.

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Texto completo de esta historia:​

Dios hizo todas las cosas muy buenas y hermosas. Entonces, ¿de dónde viene el mal? ¿se ha equivocado Dios? ¡No! Él no se equivocó y el mal no viene de Él; pero alguien vino a dañar, a echar a perder, toda esta magnífica obra, un enemigo … un enemigo de Dios y de los hombres. ¿Sabes quién es este enemigo? Es el diablo, lo llamamos Satanás. Seguro que has oído hablar de él.

Antes, el diablo era una resplandeciente criatura de Dios. Pero un día, se volvió terriblemente orgulloso, quiso tomar el lugar de Dios y dirigirlo todo. Se rebeló y en su maldad arrastró consigo a otros ángeles, estos son los demonios.

Todo esto sucedió en el cielo.

Pero volvamos a la tierra donde Adán y Eva vivían felices en el Jardín del Edén en  la presencia de Dios. Su felicidad podía durar para siempre, para ello solo bastaba con que siguieran amando y obedeciendo a Dios.

                    

Dios le había dicho a Adán:

Puedes comer del fruto de todos los árboles del jardín. Pero hay un árbol cuyos frutos no debes comer, es el árbol del conocimiento del bien y del mal. El día que lo comas, ciertamente morirás.

            

Adán era libre para elegir obedecer o no, pero se le advirtió claramente de las consecuencias.

Y … ¿por qué tocarlo? Había tantos otros árboles, igualmente excelentes.

Un día, el diablo se acercó a la mujer bajo la apariencia de una serpiente. Él le dijo :

– ¿De verdad Dios os dijo: No comáis de todo fruto del jardín?

Podemos comer los frutos del jardín, respondió Eva, pero en cuanto al árbol del conocimiento del bien y del mal, Dios dijo: “No comáis su fruto ni lo toquéis para que no muráis”.

¡De ninguna manera! ¡no moriréis! dijo el diablo, Dios lo sabe, el día que lo comáis, vuestros ojos se abrirán y seréis como dioses, podréis saber qué es bueno y qué es malo.

Eva empezó a tener dudas: ¿querría Dios realmente que fueran felices? ¿Querría privarlos de algo? ¿Estaba diciendo la verdad? … Ser como dioses …

Ella miró el árbol.

– Son frutas son hermosas, deben ser buenas. Dan ganas de comérselas.

Ella extendió la mano. Cogió una fruta y se la comió.

Fue a ver a su marido.

Aquí, toma esta fruta y cómetela, le dijo.

Adam la tomó y se la comió.

¡No cayeron muertos al suelo, sino que se les abrieron los ojos! ¿Sabes lo que vieron? Vieron su miseria, su desobediencia. Se vieron desnudos, culpables delante de Dios.

Estaban avergonzados. Tenían un solo pensamiento: esconderse. Hicieron una especie de taparrabo con hojas de árbol.

Esa noche, como todas las demás, Dios vino al jardín y llamó :

– ¡Adán! ¡Adán! ¿Dónde estás?

Te oí pero tuve miedo porque estoy desnudo, así que me escondí, respondió Adán.

¿Quién te dijo que estabas desnudo? preguntó Dios. ¿Comiste la fruta que te había prohibido?

– Fue la mujer quien me dio esa fruta y me la comí.

Eva, ¿qué hiciste? dijo Dios

La serpiente me engañó, respondió ella, y comí del fruto.

Volviéndose a la serpiente, Dios dijo:

– Puesto que hiciste esto, te maldigo entre todos los animales, te arrastrarás sobre tu pecho y comerás polvo todos los días de tu vida. Un día un descendiente de la mujer vendrá y te vencerá.

Todo cambió ese día, porque Adán y Eva eligieron obedecer al diablo y darle la espalda a Dios. No pudieron quedarse en el Jardín del Edén, no hay lugar para el mal en la presencia de Dios. Entonces fueron separados de su creador, esta separación es un tipo de muerte. El trabajo se iba a volver penoso, la tierra iba a producir todo tipo de espinas. Iban a experimentar cansancio, preocupaciones, enfermedad. Iban a envejecer y morir, como Dios se lo había dicho.

Abrieron la puerta al mal que muy pronto se multiplicó en la tierra y en el corazón de todos los hombres. Desde ese día, como puedes entender, la tierra ya no es para nada un paraíso.

A pesar de su desobediencia, Dios no abandonó a Adán y a Eva. Les hizo ropa de piel de animal y les prometió restablecer el contacto, la relación con Él. Esto es lo que veremos en nuestro próximo programa.

 

1, 2 3, 4 ¡Y TÚ Y YO!

 

Tú ya lo sabes, no tienes que ir a la escuela para aprender a enojarte, a mentir o a desobedecer… ¿Por qué? Porque el mal está en el corazón de todos los seres humanos desde que nacen, tanto en mi corazón como en el tuyo. No somos perfectos, pero Dios sigue amándonos, quiere nuestro bien y quiere restablecer el contacto con nosotros. Y vamos a ver cómo lo hace. Por cierto, ¿ya descubriste el mentiroso…? Sí, es el diablo. Si tienes una Biblia, puedes encontrar esta historia en el primer libro, Génesis, en el capítulo 3.

 

4, 3, 2, 1 ¡Y NOSOTROS LOS PADRES!

 

El origen del mal, del sufrimiento, son temas que pueden plantear muchas interrogantes. No siempre tenemos la respuesta, especialmente cuando el sufrimiento nos toca de muy cerca. Las lágrimas y el dolor son parte de la vida de todos los humanos; pero creemos que en la tormenta Dios no nos abandona, quiere apoyarnos, acompañarnos.

Esta historia resalta la ruptura entre el hombre y su creador. Pero Dios mismo proveyó para restaurar la relación. Esta es la promesa hecha a Adán y Eva.